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jueves, 10 de octubre de 2013

Habrás escuchado que el primer paso para arreglar un problema es reconocer su existencia. Acudir a un terapeuta es un acto valiente. Es valiente porque implica vencer las barreras que cada uno de nosotros nos ponemos – para casi todo en la vida, a decir verdad -, barreras que incluyen presiones internas y externas: 
¿Qué pensará la gente si sabe que voy a un psicólogo? ¿Qué es lo que dice de mí ir al psicólogo? ¿Será incómodo? ¿Me juzgará? ¿Será muy caro? ¿Será efectivo? ¿Cómo encuentro un psicólogo?
Y estas son sólo algunas preguntas de las que surgen. No sería de extrañar que te abrumases.
En estas líneas, te propongo una pequeña exploración – que es además un término extendido en cuanto al conocimiento del cliente – del camino para llegar a un Asesor psicológico o a un terapeuta.

A mí me gusta comparar al terapeuta con dos profesionales diferentes: un entrenador personal y un diseñador de interiores.
Respecto al entrenador personal, un entrenador te motiva, te da ejercicios para que te acerques a tus objetivos, te toma medidas... pero las flexiones las haces tú, el sudor es tuyo, y debes sentirte orgulloso de cada paso que das hacia la plenitud, sea cual sea la distancia de partida y la distancia a la que te quedes. Como decía Terence W. Campbell, “No olvide nunca que usted lleva consigo los recursos psicológicos y espirituales, no sólo para sobrevivir, sino incluso para ser feliz y alcanzar lo que se proponga”. Vamos, los músculos son tuyos.

Respecto al decorador de interiores, un decorador tiene unas bases sobre el diseño: sabe lo que está de moda, teorías del color, proveedores, materiales... pero las casas o establecimientos no son todos iguales, tampoco sus habitantes o usuarios. Tampoco lo es cada decorador. Cada lugar, cada persona, necesita su propio diseño, y un diseñador que se adecúe.

En la ACT, Terapia de Aceptación y Compromiso, se usan metáforas. Una de mis favoritas es la del escalador. Voy a contártela de una manera resumida:

Imagina a un escalador que con esfuerzo va trepando por una pared a manos desnudas. Llega a un punto en el que un accidente en la pared le impide ver dónde poner la mano. Un amigo que está a unos metros, cómodamente sentado en una piedra le grita desde su sitio:
-  Intenta agarrar un saliente que tienes a unos treinta centímetros por encima de ti a la derecha.
El escalador alza la mano, usa su tacto, encuentra el saliente y continúa.
El esfuerzo es suyo, pero la perspectiva la tenía su amigo.

Esas son cosas que un terapeuta puede proporcionar: técnicas y perspectiva.

Existen diversos “arsenales” para diversas propuestas por parte del cliente. Observa que a mí, me gusta decir cliente porque mi creencia implica que es tu fuerza y no tu "paciencia" la que actúa.

Respeco a mi, comencé como Cognitivo-conductual, y fui añadiendo a mi arsenal diversas técnicas. En la actualidad me adhiero, sobre todo, al protocolo EMDR. Los protocolos son importantes. La terapia debe adecuarse al cliente, a su ritmo y necesidades, pero en mi opinión, el eclecticismo puro, puede dar lugar a mucha bala perdida.

El psicólogo es un “extraño”.

Puede que hayas pensado que es complicado sentarse frente a un extraño.

¿Has pensado en lo poco que se aprecian los cambios que sufren las personas a las que conoces desde niños? O al revés, ¿nunca te dijeron eso de “con lo bueno que eras de pequeño”? ¿Te han comparado con tus hermanas o hermanos alguna vez? ¿Tal vez con otros familiares o niños del vecindario? ¿Te han interrumpido al intentar contar un problema como si ya tuviesen la solución mágica para ti, porque “te conocen”? ¿Tal vez has pensado que te estaban diciendo lo que querías oír?

Muchas personas se sienten cohibidas en un primer momento, pero piensa en la perspectiva que puede aportar alguien que no te juzgará por lo que "cree" que sabe de ti, o de tus amigos, que no forma parte de tu red social, no tiene intereses ocultos, no es parcial hacia otros, no tiene la obligación de decirte lo que quieres escuchar. A menudo, el extraño, se convierte en alguien tan confiable, que se hace depositario de todo eso que necesitas vaciar.

Verbalizar.

Expresar una experiencia – que puede ser una experiencia interna, y no física -, puede hacerte sentir mejor, puede ordenar el caos interno, dar sensación de control, puede dar energía al dejar de gastar recursos en reprimir esa necesidad, puede hacer que se corrijan malentendidos, y puede permitir al oyente continuar con la exploración, que a su vez te  ayudará con la tuya propia. Verbalizar frente al terapeuta permite prepararse para los siguientes pasos.
Ahora ya tienes luz sobre el mapa que lleva al asesor o al terapeuta. Si quieres recorrer el camino sólo tienes que seguirlo. Yo estaré encantado de acompañarte.



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