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domingo, 1 de diciembre de 2013

Acaparadores

Lucía(1)  solía etiquetar cada cosa que entraba en su casa. Era una persona extremadamente ordenada, capaz de encontrar en un pestañeo un recibo bancario de hacía veinte años. La pregunta es, ¿para qué podría alguien guardar un recibo bancario tanto tiempo?
Muy pocas personas fuera del ámbito familiar más cercano tenían permiso para penetrar en su casa. Su puerta permanecía cerrada, o como mucho entornada incluso para los vecinos del edificio. Casi todos coincidían en que Lucía era una persona agradable, con un punto elegante y muy educada, pero muy pocos podrían describir que había más allá del pequeño mostrador de la entrada.
Cuando Lucía falleció, en su casa se pudieron encontrar más de trescientos lienzos, más de cuarenta archivadores de documentación obsoleta, que incluían escrituras de propiedades que ya no eran suyas o que ni existían, agendas de hacía más de dos décadas, material de oficina suficiente para un colegio completo durante más de un año, juguetes que pertenecieron a su hijo y otros muchos objetos, algunos inverosímiles. Eso sí, todo estaba ordenado como si ella fuese un intendente militar.
Lucía era una acaparadora.