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domingo, 1 de diciembre de 2013

Acaparadores

Lucía(1)  solía etiquetar cada cosa que entraba en su casa. Era una persona extremadamente ordenada, capaz de encontrar en un pestañeo un recibo bancario de hacía veinte años. La pregunta es, ¿para qué podría alguien guardar un recibo bancario tanto tiempo?
Muy pocas personas fuera del ámbito familiar más cercano tenían permiso para penetrar en su casa. Su puerta permanecía cerrada, o como mucho entornada incluso para los vecinos del edificio. Casi todos coincidían en que Lucía era una persona agradable, con un punto elegante y muy educada, pero muy pocos podrían describir que había más allá del pequeño mostrador de la entrada.
Cuando Lucía falleció, en su casa se pudieron encontrar más de trescientos lienzos, más de cuarenta archivadores de documentación obsoleta, que incluían escrituras de propiedades que ya no eran suyas o que ni existían, agendas de hacía más de dos décadas, material de oficina suficiente para un colegio completo durante más de un año, juguetes que pertenecieron a su hijo y otros muchos objetos, algunos inverosímiles. Eso sí, todo estaba ordenado como si ella fuese un intendente militar.
Lucía era una acaparadora.

Hasta la llegada del DSM-V, el manual de los trastornos o desórdenes mentales, se consideraba el acaparamiento como un trastorno obsesivo compulsivo, pero ahora se ha separado, se le ha dado una categoría propia.
La situación del acaparador se caracteriza por su dificultad para eliminar o deshacerse de cosas independientemente de su valor para otros. Su comportamiento va más allá del mero coleccionismo – los objetos con frecuencia no tienen relación entre sí-. En casa del acaparador se encuentran focos de acumulación en zonas habitualmente dedicadas a vivir. El acaparador, con frecuencia sufre por serlo, pero no es capaz de salir de su círculo de incomodidad. Puede tener impacto emocional, físico, financiero, social, e incluso legal, nos dice la Asociación de Psiquiatría Americana (APA)
A veces la situación se hace insostenible para otros: familiares, amigos o compañeros.
La vida social de Lucía era limitada, pues no se atrevía a que los demás vieran su casa, se sentía juzgada por la situación que ella misma había creado. El espacio de su casa estaba limitado. Se había hecho incómodo. Sólo ella era capaz de encontrar determinados elementos. Algunos materiales acababan echándose a perder. Perdía horas y horas recolocando los mismos objetos con la intención de que “abultasen menos”, etiquetaba todo, porque necesitaba disponer de una ordenación casi visual, lo cual le causaba un tremendo estrés – de cuando en cuando hasta se levantaba de la cama porque no sabía dónde había colocado una de esas posesiones y quería verificar que se encontraba “a mano” – Su familia, con el tiempo, dejó de prestar atención al trastorno. Podría decirse que todos vivían con él. Los vecinos aceptaron su comportamiento. Pero ella cada vez estaba más estresada, el volumen de cosas a manejar era cada vez mayor, las categorías tendían a infinitas, y sus fuerzas mermaban con la edad y con su salud, cada vez más deteriorada.
Lucía era consciente de su situación, pero no sabía ni por dónde empezar a solucionarla.

Ahora comienzo una iniciativa. Su razón de ser es hacer un repaso histórico del trastorno, contactar con familiares o personas que lo sufren y construir material para usuarios. Para ello, busco personas que lo padezcan con las que poder entrar en contacto. Es posible que pida permiso para publicar su caso, siempre guardando la más absoluta confidencialidad respecto a sus datos personales, y si es posible, que iniciemos un tratamiento que pueda ayudarles a desbloquear la situación.

Si conoces a alguien en esta situación, si la padeces,  por favor, ayúdame a ayudar.

(1)Lucía, por supuesto es un nombre falso.




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