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lunes, 17 de febrero de 2014

El oso blanco

Gracias a la publicidad, se hizo muy famosa la historia de Tolstoi y el oso blanco. Es difícil concentrarse, esforzarse en dejar de pensar en algo, ¿no? Pues no pienses en un oso blanco.

¿Te ha venido a la imaginación?

Vale, ahora, no pienses en un marciano.

Estos son dos ejemplos de “orden en forma negativa”, como se les denomina en PNL. Son “lenguaje hipnótico”. La teoría de la PNL —que basa este tema en los estudios de Milton Erickson — es que el inconsciente no procesa el “NO” de las negaciones.
Cierto es que el uso de la partícula “NO” o un equivalente —dejar de, nunca — difícilmente van a evitar que nos formemos un modelo mental de lo que llega a continuación. Las prohibiciones es lo que tienen. No es tan sencillo como que nos gustan las tentaciones, que lo hacen, sino que, de inmediato, construimos con la imaginación lo que hay más allá del no, y los mandamientos suelen comenzar con el “NO”.
Pensar en positivo es algo más que negar lo negativo. Es reconstruir el lenguaje, dar alternativas válidas a las negaciones que provoquen deseos positivos. Sería más fácil de llevar una dieta si nos dijeran - “¿Te apetece una manzanita?” - que si nos bombardean con un - “No vayas a comerte las estupendas galletas de chocolate que tenemos en la alacena”-, ¿verdad?
El ejercicio es complicado, pero intentar evitar ese “NO” que nada tiene que ver con lo asertivo, puede crear cambios en el entorno.
Por cierto...


¿Cómo ha ido lo del marciano?

lunes, 10 de febrero de 2014

Ahora que el DSM-5 ya contiene una definición de lo que es la acumulación compulsiva, estoy trabajando con ella. 
En el camino hacia la difusión de lo que es la acumulación compulsiva, y hacia un aprendizaje propio de cómo mejorarla, de qué es lo que existe, estoy encontrando pocos acumuladores “de manual” —por hacer un guiño al DSM— y mucho acumulador de poca intensidad.
El desarrollo  tecnológico está cambiando la dirección de la acumulación. Surgen por un lado acumuladores de textos electrónicos a leer, de películas piratas equivalentes a mil horas de visionado que se harán clásicas o viejas —dependiendo de lo buenas que sean, supongo— en los discos duros, y de fotografías. 
Hace poco me regalaron el hermosísimo recuerdo de lo que suponía ir con tus carretes contados a revelar, y esperar unos días a que te entregasen las fotos. Respirabas mejor al ver que habían salido, que los carretes estaban bien. Se disfrutaba de cada foto. Se tenía un cuidado exquisito para no hacerlas con el sol de frente, para no cortar cabezas. Cada foto era un pequeño tesoro. Antes nos conformábamos con gigas, ahora necesitamos teras. Tengo miles de libros por leer sin listar, unos físicos, otros virtuales, unos propios y otros ajenos. 
Sí. La dirección de la acumulación cambia. ¿Y las emociones frente a la acumulación?
¿Cuántas veces murmuramos “tengo qué” frente a unos documentales que no veremos nunca?
¿Para qué lo tenemos ahí, en lista, como quien lo tiene en el debe de su contabilidad?
Me pregunto si el DSM-7 —el que supongo que usaría un psiquiatra de Futurama— incluirá la acumulación de este tipo entre los signos y síntomas. Debería, creo. 
Lo suyo sería ponerse a limpiar a lo bestia… ¿o no?

Zen y el arte de la no-acumulación.
Por el momento, voy a ir desmontando mi propia creencia “todo o nada”. Hoy borraré sólo unos pocos ficheros. Mañana, trabajaré sobre elementos más sólidos, DVDs, libros y revistas acumulados mientras hablo de acumulación, y que parecen extraídos de un pasado remoto. Incluso me parece haber visto una cinta magnetofónica escondida en un rincón.
  • La primera regla para una no-acumulación de información es: no adquirir más información hasta que no se procese la anterior. Hay que crear un balance positivo entre la entrada y la salida. ¿Para qué quieres ese libro que acaba de salir sobre los Beatles, si te gustan más los Rolling Stones?
  • Segunda regla: es mejor un paso diario, que correr hasta el agotamiento.

Si no puedes enfrentarte a ello, a lo mejor es que no lo necesitas. ¿Para qué quieres quitarte la acumulación de encima?
Tal vez sí lo necesitas. Tal vez te agobias, o te quedes sin disco duro. Un disco duro es un precio muy alto para guardar los capítulos de “Curro Jiménez” sólo porque era la serie favorita de tu padre. Respira, “bendícelo” con amor, y presiona Shift+Supr. No vuelvas atrás. Es como la amortización de la hipoteca. En el fondo, sabes que te deja un agujero en el banco pero estarás más tranquilo.

lunes, 3 de febrero de 2014

Neuronas de los padres.

Ayer mi hija hizo dos meses. Recuerdo que mucho antes de que viniese, me prometía a mí mismo y a los demás no ser “uno de esos padres” que convierte en titulares la primera sonrisa, la segunda sonrisa, y así hasta los quince años de sus hijos.
Por supuesto me convertí en “uno de esos padres” con el primer latido de la primera ecografía. Rápidamente, acudí a un artículo que recordaba haber leído “en diagonal” —que traducido a cualquier otro idioma quiere decir, que no me lo leí, pero sabía que existía y podía mencionar un par de titulares— escrito por Brian Mossop para la revista Mente&Cerebor (de Scientific American) que versaba sobre los cambios neuronales por los que pasa un padre.
Parece ser que tenemos una programación genética, así que la responsabilidad no es mía, es de la evolución de la especie. Eso me ha hecho sentir bastante bien, ya que no me avergüenza reconocer, que preferí tener un coche para poder llevar más cómoda a mi hija, que “se me cae la baba” cuando la llevo conmigo, pegada al cuerpo. Reconozco también un cierto placer en cambiar pañales y comprobar que todo va bien ahí dentro, que adoro como se va adaptando al agua calentita del baño y todas esas otras cosas, tan comunes, y tan extraordinarias cuando los hijos son de uno.
Cabe preguntarse qué desencadenantes son  los que crean estos vínculos. Parece ser que tienen mucho que ver el olor y el tacto, pero muchos padres sienten una conexión cuando el olor y el tacto son solo un concepto futurible —estoy centrándome en los padres, porque los vínculos de las madres tienen una naturaleza diferente, que nace, obviamente mucho antes que la de los padres, y que merecería su propio apartado—.
He desarrollado algunos miedos y nuevas prudencias —prefiero correr menos riesgos, cambiar mi moto por una menos potente, con el centro de gravedad desplazado, más fácil de llevar, o incluso aparcar las dos ruedas por el momento — y tengo que aprender a distinguir unas cosas de otras, pero es que me planteo pocas cuestiones como “renuncias”. Son más bien intercambios en el orden de prioridades. Me queda mucho camino, y esfuerzo, y responsabilidades, y compromisos, y tendré que aguantarme para caminar por la línea entre el padre nutritivo positivo y el padre sobreprotector, que es más o menos la misma que hay entre el padre crítico positivo y el negativo (el análisis transaccional dispone de muchos aprendizajes para que los cojamos)
Mi propio camino de baldosas amarillas.