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domingo, 10 de mayo de 2015

Procrastinación.

  “No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy” – Benjamin Franklin.

No son lo mismo el bloqueo y la procrastinación, pero los dos se encuentran entre los problemas más graves que podemos tener a la hora de abordar proyectos, porque los dos nos alejan de la tarea.

¿Qué es procrastinar?

Si introduces procrastinar en Internet, vas a ver muchas maneras de definir la palabra, y artículo y más artículos sobre estrategias para dejar de procrastinar: cuatro estrategias, cinco, treinta (éste me ha impresionado hasta que lo he abierto)

Mi consideración: Procrastinar es postergar lo que quieres/tienes que hacer, es dejar que el tiempo se escape e implica una actitud voluntaria hacia el quehacer. No existe tal cosa como una “procrastinación” creativa, dice algún articulista. Tiene razón – en parte –. La palabra no define un reposo creativo, define un acto voluntario de alejamiento.

¿Qué es estar bloqueado?


Estar bloqueado es algo profundo que puede tener que ver con el miedo. ¿No eres consciente de tener miedo? Cierra los ojos. Piensa en eso que te bloquea. ¿Qué piensas? ¿Qué sientes en el cuerpo? ¿Notas algo en el cuerpo que te incomoda? El miedo es una emoción básica muy útil para sobrevivir, pero uno de sus efectos es la parálisis. Si tienes miedo puede ser por algo, y ese algo puede que necesite mucho trabajo. El bloqueo tiene que aparecer aquí porque, a veces, ocultamos una cosa con la otra sin ser conscientes.


¿Para qué procrastinamos?

Podemos ponernos a escribir estrategias para vencer la procrastinación, cierto, pero es que al ser un acto voluntario, individual, no se pueden crear estrategias ad-hoc para vencerla. Para empezar, si como he leído en algún sitio, pretendo venderte una estrategia del tipo: cambia tu actitud, haz las cosas que te lleven menos de dos minutos de inmediato, no dejes para mañana… estaré diciendo lo mismo con diferentes palabras. No digo que no tengan razón, que al final todo se reduce a un “ponte ya”, sin embargo, hay más cera en esa vela.

A veces procrastinamos por miedo a un bloqueo. Eso es miedo al miedo, y así se define la ansiedad.

Te invito a que hagas un poco de análisis. Entre estas pautas y preguntas pueden estar las que tú necesitas.


  1. ¿Eres consciente de estar procrastinando? Probablemente sí, si no, no estarías leyendo esto, ¿o sí? El término está de moda. Si hubiera puesto “postergar”, a lo mejor no te habría llamado la atención.
  2. ¿Tienes un plan? Tal vez no encuentras el momento porque no lo tienes, no sabes lo que vas a tardar, no sabes lo que necesitas, a quién. ¿Serás capaz de coger un papel y algo que escriba y hacer una lista que comience por: Hacer?
  3. Si has hecho ya tu lista, ¿Serás capaz de seleccionar lo que de verdad hay que hacer de ella? Me refiero a eso que te está comiendo, que mina tu voluntad. ¿Crees que necesitas ayuda? Lee tu lista. Repite cada concepto con los ojos cerrados. ¿Cómo te encuentras cuando dices cada cosa? ¿Hay alguna que te hace sentirte especialmente mal?
  4. ¿Qué te dice tu cabeza? ¿Es algo urgente, necesario, indispensable, delegable, deseable? Depende de esta respuesta para otorgarle un orden de prioridad.
  5. ¿Es abordable? Si la respuesta es sí, ¿Qué más te hace falta? ¿Sabes abordar un proyecto? Puede tratarse de algo grande, algo pequeño…
  6. ¿Qué estás haciendo en lugar de lo que quieres hacer? ¿No lo tienes claro? Empieza a escribir un diario (autorregistro) ¿Qué haces en esos momentos en los que tenías programado “hacer”? Tal vez debas evitar el momento “sofá” al llegar a casa, por ejemplo. Tal vez tengas rituales que sustituir. Tal vez sea simple y pura pereza.
  7. La pereza provoca una sensación de bienestar a cortísimo plazo que pronto puede ser sustituida por más ansiedad.
  8. ¿Tienes una imagen excesivamente idealizada de lo que quieres hacer? Por ejemplo, no escribes porque imaginas que deberías ser un Hemingway sentado desde la madrugada al atardecer a una máquina Underwood con un whisky y resulta que sólo tienes una hora, un ordenador y un colacao. Tal vez no sales a correr porque crees que dos kilómetros no son tan decentes como diez. Hay que saber ajustarse a nuestra realidad e ir transformándola en lo posible para que sea como la queremos.
  9. ¿Es que no se te ocurre la solución a un problema y has dejado de afrontarlo? ¿Te rindes? ¿Empezaste tomándote un descanso creativo y ya no puedes volver?

A continuación, en este cuadro resumen, puedes ver el recorrido para trabajar en las barreras autoimpuestas entre tú y tu trabajo.





¿Necesitas una segunda opinión? A veces la perspectiva lo es todo.  Para eso estamos determinados profesionales, para analizar contigo cuales son las barreras que impiden que avances.

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